El silencio de la calle al alcance de los oídos del que no quiere escuchar. Juraría que el aire es mas ligero los días que me acompaña la realidad y no la ficción en forma de sonrisa mentirosa. Juraría que floto, pero todos estamos encadenados al suelo.
A veces, solo a veces, siento como si mi vida fuese como ese dibujo que todos hacíamos de pequeños. Con una casita, el sol arriba en la esquina, unas nubes... Pero yo no paro de salirme con los colores. La cera roja para pintar el tejado de la casita acaba mezclándose con el azul del cielo, y ya nada es del color que era. El aire en la calle se torna pesado, frío e intratable. Intentamos huir de todo lo que nos rodea de vez en cuando. Es como estar tumbados en el tejado de esa casita que todos dibujábamos, intentando buscar una explicación a los colores que le ponemos a las cosas. ¿Y si el cielo fuese verde en realidad? ¿Que buscamos exactamente cada vez que ponemos nombre a algo?
El frío no consigue trepar por las ventanas para llegar al tejado. El sonido del silencio ameniza la ligereza del aire, la ficción en mis ojos se vuelve realidad. Ahí arriba soy yo mismo, atado al aire. Entregado a las estrellas. Como si mi sitio no fuese este. Señalando al cielo, buscando una explicación de como he llegado a quedarme atrapado entre estas cuatro paredes que rodean mis pasos. Señalando en busca de un viaje que haga cambiar el sentido del viento. Un viaje que consiga romper las cadenas que me atan al suelo.
Y me quedo apreciando el momento. Mis pies en las tejas, sin miedo a resbalarse, conocen mejor mis próximos pasos que mi propia ambición, que mantiene su propia lucha, en un tira y afloja, con el carcelero que acorta cada día un poco mas la cadena que me mantiene cerca del suelo.
Me libero después de mucho tiempo recluido en esa prisión del pensamiento, he intento dar salida a lo que de verdad soy. He dejado tantas fuerzas para quitarme la cadena que me he quedado quieto, observando a los lados, como un gato callejero y desconfiado que mira 10 veces antes de jugarse el pellejo para cruzar la calle. Llevo tanto tiempo pensando que no podría librarme de ese castigo que me he quedado como el típico chulo de bar, que pide que lo agarren, sabiendo que si lo sueltan será para esconderse debajo de una mesa. Me he quedado en el intento de volar.
Podemos soñar toda una vida con una casa en las estrellas. Con un coche deportivo. Con una mujer guapa y bella que nos acompañe hasta el final de nuestro camino. Podemos soñar con todo lo que queramos. Pero, ¿de que nos sirve si no luchamos por romper con todo lo que nos ata a este lugar al que no pertenecemos? El suelo se me ha quedado corto para caminar, y el aire parece un buen lugar para vivir. Vivo mas cerca de viajar del tejado a las estrellas, que del tejado a las cadenas.
Lo que pudo ser y no fue.
Lo que puede ser, y no sé.
Lo que se que soy. Lo que se que fui. Lo que no se que seré.
Puede ser todo, pero no creo que pueda dejar de ser quien soy.
Puede ser todo. Podemos volver a serlo. Podemos no haberlo llegado a ser.
-Alex Guti. Como Snoopy en el tejado.
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