jueves, 20 de febrero de 2014

Vacío.

Vacío,
que palabra tan llena ; Tan llena de nada. Tan vacía de todo. 
Vacía de la ilusión al acostarse. Vacía de las ganas de comenzar un buen día. 

Y estoy tan vacío de nada que la nada me llena. 
Me encuentro lleno. Lleno de nada. Y hay tanto de esa "nada" que siento ese vacío como una punzada que me atraviesa el estomago y me ata en el lado oscuro de la vida, donde nadie se pregunta donde estoy. Donde estoy solo, atascado, y sin mostrar la menor intención de búsqueda de libertad. Donde "libertad" significa cerrar una puerta intentando dejar los problemas fuera y cerrar una ventana intentando olvidar el pasado. 
Vence la oscuridad a la luz, en un rostro pálido cargado de ojeras tatuadas a sueño olvidado. 
Alma cerrada, con la llave escondida. Dudosa fama me sacude. 
La vela al viento, buscando una corriente que me acerque a tierra. Como si fuese un Ulysses flacucho, remo contra marea hasta que caigo derrotado. Vengo del mismo lugar, de quemarme las rodillas en un intento fallido de fuga, de inventarme mil historias sin ni siquiera abrir las persianas y ver la luz del sol en una mañana despejada. Ya se que llueve, ¿para que voy a asomarme a tu ventana?
Vengo de allí, de esa sonrisa que me delataba como un tipo sencillo. Y también vengo de allí, de tener una buena respuesta hasta para la mas bochornosa humillación. Vengo de ese lugar, vengo de ti, de mi. Vengo de todos. Estuve allí durante mucho tiempo, salpicando la mala fama a golpe de fondo de cristal y barra de bar.
Estuve en tantas ocasiones, en tantos lugares, en tantos momentos, en tantos besos... Y pese a todo, he olvidado el camino de vuelta. He perdido el norte; ahora no se a donde viajo por este camino de niebla confusa y goteras que harán que se me caiga el techo encima. 
Vendí tus recuerdos a la pena, regalé la sonrisa al diablo.
Saquemos a bailar a la nada, a golpe de descaro. Nos miran, nos juzgan. El afluente que desemboca en tu mejilla nos delata a los dos. Nos echan del local, y acabamos bailando con la noche. Pero la noche no termina, y tu te acabas yendo. Te acabaste yendo de mi. De mi mente, de mi alma, y de cada gota de sudor que nos quedaba por compartir. Se creó la nada, y de la nada se creó el vacío. Y el vacío no pesa lo suficiente como para salir a la calle con este viento que azota todos nuestros pecados de forma tan bíblica. La diosa fortuna nos alumbro durante un tiempo, y acabó jugando conmigo. Salgo volando, con todos mis remordimientos, con la ilusión que no me queda. Soy tan frío como una llamada de madrugada. Soy tan frío como la distancia que nos separó y nunca mas podrá juntarnos. Un frío silencioso, que perturba los oídos de los que acompañan mi silencio entre risas de relleno sacadas de alguna serie americana. 
Estuve cerca de todo, para quedarme en nada. 
Y la nada me llena. La nada me acompaña. 
Y por eso llevo 10 minutos sin decir nada. 


No soy tan diferente a lo que era, pero cargo con mas peso del que puedo llevar. Y eso es irónico teniendo en cuenta lo vacío que estoy. 
Puede que sea el principio del fin. O el fin del principio. Solo se que no pertenezco a este lugar, igual que no le pertenezco a nadie.

-Alex Guti, (...)