domingo, 15 de abril de 2012

Tu jardín de ensueño.


Lo sospeché desde el momento en que pisé tu jardín, arrasando con todo, pisando fuerte la hierba después de saltar la pequeña verja. La curiosidad me mataba, todo el mundo hablaba bien sobre tu reino de las sonrisas encantadoras, tenía que probarlo, no podía dejarlo pasar. Me adentre tanto como me lo permitió la guardia real de tu corazón, que parecía mas accesible según iba caminando hacía el, allí colocado, en medio de ese jardín de rosas rojas, con un pequeño camino de piedras, pero no de esas piedras que te encuentras por ahí tiradas, si no esas piedras preciosas con una forma que parecía querer indicarme el lugar para encontrarte. Y ahí estabas tu.. Sentada allí en medio, al lado de una hermosa fuente, peinando tu larga melena, bajo esa brisa que solo se puede disfrutar en los meses de verano. Parecías hecha para brillar. Parecías la luz de ese día. De repente, dejaste de peinarte, y buscaste en tu pequeño bolso algo que parecía ser un pequeño bote de perfume. Con una sola gota, conseguiste que todos los pájaros que sobrevolaban el cielo ese día pararan su vuelo para mirarte, y que le vas a hacer, si naciste para ser querida.. Cogí todo el aire que pude, los pulmones estaban llenos, y comencé a caminar, mientras tu, sonriendo como nunca, mirabas hacia mi, con esa expresión que solo tu sonrisa puede conseguir, única, como el resto de ti. Y entonces te levantaste, el corazón me latía a un ritmo insólito, y echaste a correr. Y entonces hice lo primero que se me pasó por la cabeza, y abrí los brazos, soñando con recogerte en el momento en que llegaras a mi, esperando poder abrazarte en cuestión de segundos.. ya no quedaba nada. Y pasó lo que le pasa a cualquiera que tiene dos pies izquierdos. Pasó lo que le pasa a una persona que entra  donde no le han llamado, y que encima tiene las narices de pasar hasta la cocina. Pasó lo que solo le podía pasar a un iluso soñador, a ese tipo de persona que no dice te quiero por miedo a que le contesten algo que no quiere, y que se esconde hasta que en un momento determinado se piensa que con hacer acto de presencia bastará para que se le echen a los brazos. Pasó lo que tenía que pasar. Así que seguiste corriendo, conmigo delante, como un bobo, con los brazos abiertos.. Y entonces pasaste de largo. El corazón, dejó de tocar esa ruidosa canción y se pasó a formar parte de un ritmo de un blues callejero, muy lento y calmado. Me giré, no quería verlo, pero me giré, y todas mis sospechas dejaron de ser sospechas, ya era cierto. El cielo ya no parecía tan azul mientras te abrazabas a el, y los pájaros parecían haber dejado de cantar. La brisa se empezó a confundir con un frío viento que parecía querer echarme de allí. No se si fue el viento, o el verte tan feliz con el lo que hizo que yo me fuera de allí. Empezó a llover solo donde yo estaba, en tu mundo seguía el sol parado, como si no quisiera dejar de mirarte, y las nubes se había apartado todas para que tu momento fuera perfecto. El y tu.. y un largo verano por delante. Parecías totalmente preparada para ser feliz, y a mi todavía me faltan un par de cursos.
Ya han pasado unos días desde que abandoné tu jardín secreto lleno de barro hasta las orejas. y créeme, por aquí aun no ha parado de llover.

- Y al fin y al cabo, si tu así eres feliz, soy el primero en alegrarse por el echo de que alguien disfrute de tu sonrisa.




Alex Guti, un domingo cualquiera.

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